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Antoinette's Letter
ImageHaber tenido a Eva como mi madre fue una maravilla. Ella me enseño como ser independiente, dadivosa y como perdonar. El mejor regalo fue el que ella nos perdonaba. Ella me enseño que el perdón es el mejor regalo pero uno de los más grandes desafios en la vida. Eva cargaba con una tristeza que no podia esconder del mundo pero la gente le encantaba estar rodeada de su inocencia.

Desafortunadamente nunca entendí la razón de su tristeza hasta que murió. Su madre y su padre murieron cuando Eva era solo una niña y la herida nunca sanó. La mía nunca sanará. La familia fue extremadamente importante para Eva. Ella fue el lazo que nos mantenía conectados y siempre buscaba la manera de mantenernos unidos. Eramos una banda de gitanos que ella refinó y completó. Siempre nos perdonaba y nunca nos juzgó. Ella me permitió ser yo misma y me amó a pesar de todo. Siempre me respaldo y yo subiría cualquier montaña con ella. Ella fue extraordinaria y por lo que me dicen primero se van los más buenos.

Cuando le diagnosticaron el cancer a mi madre sentí como que si alguien me había tomado el corazón y me lo había quebrado sin poder repararlo. Pero los ultimos seis meses y medio fuí con ella a cada sesión de quimoterapia. Cada vez que ella pedía algo yo estaba allí. Estuve a su lado cada vez que ella estuvo en el cuarto de emergencia. Cuando ví como esta enfermedad le arrebataba a mi madre su belleza, su risa y sus ganas de vivir me dí cuenta del verdadero mal que se había apoderado de ella. Pude ver como su alma crecía mientras que su cuerpo se debilitaba. Ella no tenía miedo de morir. Nunca se quejo y nunca culpó a Dios. Siempre fué una mujer religiosa.

Lluegé a odiar a Dios por haberse llevado a mi mejor amiga. Y nunca olvidaré el último día que pasamos juntas. Fue el 28 de diciembre del 2004. Me senté a su lado y vimos nuestro programa favorito  I Love Lucy. Hablamos muy poco porque ella estaba muy débil. Nos tomamos un ciesta y murió al siguiente día rodiada de todos nosotros - su familia que tanto amaba y también la misma que la amaba – yo, mis hermanas Lynell y Amanda, mi padre y mi hermano Papo. Mi padre estaba destrozado. ¿Y como no? Fue como si una parte del se hubiera muerto también. Mientras el cuerpo de mi madre estaba sin vida delante de nosotros alcancé a ver la cara de cada uno de nosotros. Todos estuvimos presentes en la pérdida de la mujer quien fue el lazo entre nosotros y la persona más extraordinaria que nosotros habiamos conocido.

Cientos de personas asistieron al entierro de Eva. Tantos rostros llenos de tristeza a los cuales ella había conmovido en los años cuando vivía. Le dí la espalda a Dios porque yo no entendía porqué Dios nos había quitado a una mujer tan buena. Dejé de creer en Dios, pero Él nunca se dió por vencido conmigo. Me acabo de enterar de que espero un bebé y va a ser niña. La fecha de nacimiento es el mismo día del cumpleaños de mi mamá. Le pondré Eva a mi hija, como mi madre. Me he reconciliado con Dios. Se que mi madre esta felíz. Por mi parte aprendí a reconocer un mal tan dañino como lo es el cancer. Ahora tengo la misma herida que tenía mi madre y nunca se me sanará completamente. Espero que yo tenga muchos años de vida y cuando finalmente cierre los ojos por última vez la volveré a ver…y nos uniremos para siempre.

Les deseo lo mejor a todos los lectores,
Antoinette